Está Dicho: Luz, Color, Ceniza
En cuanto a mí pintura, los dos polos de experiencia: Madrid – Niebla. Mirar los lugares con ojos desnudos. El cambio de un sitio a otro favorece este hecho.
Todo cuenta respecto del aprendizaje. La libertad que uno se da para coger lo que está abierto frente a tí y la intuición de lo quieres con profundidad.Dejas el curso de filosofía y te vas a la biblioteca de arte y tomas libros que te interesan de verdad y miras y lees a Rothko, a Reinhardt, a Motherwell, pero también a Chagall, a Soutine, a Kirchner y a muchos más. Vas a museos y galerías y los ves allí realmente. Luego vives día y noche con ese arte.
En Madrid todo el tiempo estaba mirando arte y estuve en la biblioteca del Reina Sofía desde el día de su inauguración.
Ví “enormes” pinturas. Entre otras, los cuadros de Rothko. Al principio me quedaba de pie ante ellos como a la entrada de una gran fachada, sin saber que hacer… Reinhardt profundizaba en el misterio, Klein daba otra vuelta de tuerca a la substancialidad del color, las esculturas de Anish Kapoor, desarrollaban y aumentaba la escala de temas propuestos por Klein. Todos esos trabajos eran impresionantes.
Después de liberarme a nivel personal de una serie de imágenes a través de dibujos y pinturas en papeles y cartones estaba vacío y dispuesto a partir de cero, en la búsqueda de una imagen totalizadora de mi pintura, una imagen que contuviera todos mis deseos.Hasta que dí en el parque con ese cuadernillo quemado. En el papel blanco aparecían las marcas del fuego…como en las pinturas de fuego de Klein… deje el cuaderno tal cual, sólo pinte su portada con una figura geométrica en azul. Al tiempo la interpreté como la vista elevada de un lago. Luego pinte dos cuadros en esa línea y los llamé Matrices.
Después de siete años de “entrenamiento visual”, regreso a Chile, en febrero del 93 y luego de algunos días en Santiago viajo al sur. Sólo si sales de tu entorno- matriz y lo ves desde fuera puedes comprenderlo. La visión de la naturaleza fue maravillosa. Aún era verano… Me dí cuenta que la naturaleza era lo más valioso del lugar. El país se debatía en sus contradicciones y en su precariedad, pero la naturaleza era su tesoro.Todo era inmensamente brillante, imágenes encendidas, prestas a desaparecer, para ser remplazadas por otras de igual o mayor magnitud… como un sueño hermoso e incierto, como un espejismo.Luego llegó el viento que barría y daba velocidad a todas esas transformaciones y la mirada buscaba en que sostenerse y encontraba una arquitectura frágil de madera y latas…Todo sería removido…entonces decidí entenderme sólo con los elementos, con la tierra, con los animales que se manifestaban en muchos casos más reales que las personas…
Entonces encontré la ceniza. Estaba en el centro de un vasto campo de ceniza volcánica. Además todas las personas generaban ceniza al hacer fuego en casas y campos.Pinté en papel una serie que contenía lo esencial del paisaje: la línea del horizonte y campos de color mezclados con ceniza y en ocasiones la ceniza sola como color.Esa serie de composición básica, en la linea de los cuadros que había pintado en Madrid, la seguí llamando Matrices, en el sentido que desde allí se podrían seguir derivando formas.El 93 intenté traspasar este mismo esquema a tela, pero la tela se me resistió. Aún tuve que insistir en la técnica por largo tiempo; sólo cinco años después, le di consistencia a las líneas sobre tela, mezclando ceniza y pigmento en la serie de fusión Trazos de Humo del 99.
Entre el 2000 y el 2002 pinté la serie La Luz en el Muro, volviendo a simplificar la composición, dejando atrás los elementos figurativos y estableciendo sólo líneas horizontales y verticales. El color también fue reducido a negro, blanco y gris.Como indica su título, el tema de estas pinturas es la Luz. La luz y sus gradaciones. Asumí para mi pintura este gran tema.La luz como la condición que hace posible la visión, que hace posible imaginar, sin imágenes no hay conciencia. La misma conciencia está hecha de luz(se representa como un campo de imaginación) y por otra parte es muy sensible a las variaciones de la luz exterior.
Las variaciones de la luz y el color tocan la visión de un modo particular. Como las notas que se pueden tocar en un piano. El registro de esas variaciones en tu sensibilidad es una experiencia que puedes vivir con sólo contemplar el atardecer. Me imagino una obra que se podría llamar La Casa de la Luz o La Casa del Color. Una casa vacía hecha para contemplar la luz o el color en sus paredes.
Pintura surgida desde la experiencia de un entorno, el lugar donde vivo en el sur de Chile. Aunque en Madrid nunca me alejé de la relación con la naturaleza. El Parque era mi lugar, en medio de sus árboles pintaba, ahí conocí a los que luego fueron mis amigos.
Mi pintura selecciona ciertos elementos del entorno. Los que constituyen una parte importante de mi relación con él, pero eso también alcanza a otros. Ahí está la línea del horizonte, las verticales de los árboles, ahí están las construcciones: casas, edificios, objetos… la materialidad de estos, la madera.