El último reducto para un pintor es la acuarela, el lápiz y el papel.
Delimitar mi trabajo a estos medios me agrada. La inmediatez, la ligereza de equipaje, la economía me complace.
No retomaba la acuarela con esta decisión desde el año 96. Hasta ahí evoluciono mi pincel con esta técnica. Luego de los intensos años como pintor en el Parque del Retiro, concebí trabajos más imaginativos y personales, también más abstractos. En este sentido el 96 ha seguido estando en el “futuro” pues lo conseguido quedo lejos de los esporádicos intentos posteriores.
El acrílico gano terreno e hizo avanzar mi pintura que llego hasta las estructuras modulares. Por supuesto el soporte cambia la cualidad de la pintura, la facilita o la dificulta. Ya decía que la madera ayuda y la tela en blanco complica. El papel para mí hace ambas cosas.
En medio de la reparación de mi casa el año pasado busqué un espacio disputado al desorden para pintar unos trabajos de acrílico sobre papel. Representó un esfuerzo que no me dejo satisfecho. No sé si alguna vez los enmarcaré, sin embargo significan un entrenamiento y un precedente para estas acuarelas.
Ya estoy inmerso en esto. Es el formato más pequeño y más básico de mi trabajo, pero también su núcleo. Toda proyección con cualquier medio y soporte emanará de esto.
Pronto más artículos sobre esta serie.